La Marcha Real, els “Segadors” y Manolo Escobar

La Marcha Real, Els Segadors y Manolo Escobar

La declaración unilateral de independencia en el Parlament de Catalunya el pasado mes de octubre finalizó con la interpretación de Els Segadors, el Himno de Catalunya. Cantado a viva voz por los diputados del bloque soberanista, puso un emotivo acompañamiento musical al episodio de enorme trascendencia política que acababa de suceder.

Y no es algo anecdótico. El nacionalismo catalán goza de muchos referentes culturales y también musicales cuando se trata de defender sus posiciones. El excelente cantautor Lluís Llach es un ejemplo, su canción L’Estaca, compuesta a finales de los años 60, se convirtió en una poderosa arma contra la dictadura de Franco y también como un canto a favor de las aspiraciones nacionales de Cataluña.

Por otra parte, el heterogéneo bloque constitucionalista tiene más dificultades para encontrar consensos en este terreno musical. Elmismo himno nacional de España, que debería ser el instrumento a esgrimir, no acaba deaglutinar a este colectivo. Posiblemente, al igual que la bandera, su identificación con los símbolos nacionales del pasado no democrático dificulta esta misión.

Ya en el terreno estrictamente musical, la ausencia de letra tampoco ayuda. Y un himno sin letra no es himno, de la misma manera que un vals sin ritmo ternario no es un vals.Según la Wikipedia (y no vamos a comprobar la veracidad de esta afirmación), solo hay tres países en todo el mundo cuyo himno no tiene letra: San Marino, Bosnia-Herzegovina y España. Sin duda, una batalla desigual.

Así pues, a falta de una respuesta institucional efectiva, observamos con cierto interés como se ha ido articulando por parte de la sociedad civil un contraataque musical espontáneo y poco ortodoxo para compensar esta especie de orfandad. O mejor dicho, ante la ausencia de consensos, se busca un abanico de manifestaciones musicales que vayan creando adhesiones entre los diferentes sectores poblacionales.

Una de estas acciones la ha protagonizado la famosa cantante española, Marta Sánchez con su personalísimaversión del Himno Nacional de España, incluso se atrevió a crear una letra original. El resultado ha sido un éxito excepcional que ha recibido el reconocimiento yaplauso demuchos. Como se dice ahora, el vídeo de la actuación se ha hecho viral. Y hay motivo para ello, la versión es buena. Compuestacon una armonía original y con un estilo reposado en forma de balada gustó a un amplio sector de la población. Una fórmula parecida a la que ya utilizó Miguel Ríos en su versión de El Himno a la Alegría. Y lo importante más allá de valoraciones estéticas: funcionó.

De repente, una parte de la población a quien el carácter musical, marcial y arcaico, de la Marcha Real poco le dice, encontró en esta versión una expresión a sus sentimientos. Las críticas vertidas por el sector contrario han sido la constatación de este éxito.

Y no quedan ahí los ardores musicales, siguen apareciendo más. La última vez durante la semana santa malagueña cuando vimos a cuatro ministros entonando el Himno a la Legión.Incluso la cuestión musical llegó al terreno parlamentario donde la senadora de Esquerra Republicana y el Ministro Méndez de Vigo se enzarzaron en un cuerpo a cuerpo a cuenta de este episodio.

Más allá de la valoración estética de este suceso, lo que demuestra básicamente es la excepcionalidad del momento que estamos viviendo y cómo la música brota de los corazones humanos de manera desbordada como forma de expresión. Sentimientos a flor de piel y, en este contexto, la música es un arma potente para definir identidades.

No es nuestra intención banalizar un conflicto que está ocasionando fractura y sufrimiento. Un discurso políticamente correcto incidiría en el poder de la música y su vertiente más integradora como un arma de diálogo cultural y de búsqueda de la paz y de la armonía universal. ¡Ojalá! Pero no nos engañemos, la música ha estado presente en la paz y en la guerra, en la tristeza y en la alegría. Esa es su grandeza, da expresión a todo “lo humano”. Y seguro que la encontraremos presente cuando llegue la tan esperada resolución del conflicto. Entonces alguien compondrá un mix.

Mientras tanto, las corcheas están en alto.

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