La formación del profesorado de las Escuelas de Música: una asignatura pendiente

“Los buenos profesores son caros, pero los malos todavía lo son más”

Bob Talbert (1936-1999)

Periodista norteamericano

Continuamos reflexionando sobre la calidad de la enseñanza y la mejora de los proyectos educativos en las Escuelas de Música. Ahora llega el turno de analizar la formación del profesorado, una asignatura pendiente en la que todos tenemos cierta responsabilidad. El artículo 102.1 de la Ley Orgánica de Educación lo dice muy claro: “La formación permanente constituye un derecho y una obligación de todo el profesorado y una responsabilidad de las administraciones educativas y de los propios centros.”

Pero asistimos históricamente a una desatención de la formación del profesorado de Música, como si ésta no hiciera falta. Hasta hace muy poco tiempo, la titulación exigida para ingresar en los cuerpos docentes (el título de Profesor del Plan 66) no incluía ni un solo contenido de formación pedagógica y didáctica, y los títulos superiores incorporaban únicamente una asignatura de un curso de duración llamada “Pedagogía musical” y dos años de prácticas del profesorado. Insignificante a todas luces.

La cosa no queda ahí. Doce años después de la promulgación de la LOE, no se ha regulado desde el Ministerio de Educación la formación pedagógica necesaria para ingresar en el Cuerpo de Profesores de Música y Artes Escénicas. Algo inaudito en estos tiempos y solucionado desde hace varios años para el ingreso en los cuerpos de educación secundaria, con un máster específico impartido por las universidades de 60 créditos de duración.

En las Escuelas de Música, la situación de la formación inicial del profesorado es también preocupante. Se exige como titulación mínima el actual Título Profesional de Música (a excepción de algunas comunidades autónomas donde acertadamente el requisito exigido es el Título Superior) y en los planes de estudio de estas enseñanzas de nuevo nos encontramos que no hay ni un solo contenido para la formación pedagógica. Otra vez una decisión inadecuada.

Así pues, tenemos un profesorado sin ninguna formación pedagógica para impartir docencia en unos centros educativos muy exigentes. Y estos profesores son los que más la necesitan. Aquí no hay currículo prescrito por la administración, se debe atender a todo tipo de alumnado, los recursos metodológicos de los profesores deben ser muchos y deben atesorar más competencias docentes. En estas condiciones, lo normal es que no se haga bien; ya se sabe, “no se puede dar lo que no se tiene.”

Además, aquí en Valencia el acceso a la formación permanente del profesorado de las Escuelas de Música es muy reciente, hubo que esperar a la Orden de formación del profesorado de 2012 para permitir que la formación organizada por los CEFIREs (centros de profesores en la Comunitat Valenciana) estuviera al alcance de este profesorado. Y desde entonces la cosa ha mejorado.

La formación del profesorado tampoco ha sido una prioridad para las propias Escuelas de Música y sus responsables. Decir lo contrario sería no decir la verdad. Entendemos perfectamente los problemas económicos estructurales de las sociedades musicales y de los ayuntamientos, pero es que ni siquiera se utilizan los créditos de formación disponibles por el pago de las cuotas a la Seguridad Social. No es una prioridad. Hablamos siempre de la importancia de la educación dentro de nuestras entidades pero a la hora de destinar recursos la cosa cambia. El dinero para otras cosas.

Una desatención generalizada subsanada, en muchos casos, por los propios profesores y más recientemente, aquí en la Comunitat Valenciana, por la FSMCV, que diseña planes de formación propios, desarrolla una intensa labor en este ámbito y ha demostrado una auténtica preocupación; por cierto, ejercida en solitario durante demasiado tiempo.

La cosa está cambiando, aunque lentamente. Los avances se van produciendo muy poco a poco, invertir en formación del profesorado sería una magnífica palanca de cambio y un acelerador para mejorar la calidad de las Escuelas de Música. Hemos tardado 23 años en idear un modelo propio de Escuelas de Música y, si queremos implantarlo ya, hay que incidir aquí.

¿Qué podemos hacer? La organización de una estrategia conjunta para la formación del profesorado en la que participe la propia administración, la FMSCV, las escuelas y también los representantes del profesorado, podría ser una magnífica herramienta. Posiblemente debimos incorporar en el artículo 15 del Decreto 91/2013 un apartado que recogiera esta necesidad, pero nunca es tarde. Mea culpa.

Esta formación debería, en primer lugar, capacitar a los líderes y directores de las Escuelas de Música para reproducir esta formación dentro de sus propios centros, auspiciando la modalidad formativa que denominamos “formación en centros”. También incrementar los cursos de formación y crear una asesoría específica para Escuelas de Música dentro de algún CEFIRE, etc. Podrían ser buenos instrumentos.

Con todo, lo más importante es diseñar y determinar con exactitud las competencias que el profesorado debe atesorar y empezar a trabajar en una dirección clara y continua para que lo consigan. No basta con organizar cursos aislados, por interesantes y meritorios que sean.

Respecto a los contenidos, debemos comenzar por lo básico: aquello que identifica a una Escuela de Música. Después, proseguir en aspectos de carácter esencial propio y exclusivo de los proyectos educativos de las Escuelas de Música:

  1. Nuevas metodologías y organización del aula para la enseñanza del Lenguaje Musical y la adquisición de la lectoescritura de manera integrada en la práctica instrumental
  2. Nuevas metodologías y organización del aula para la iniciación en la práctica instrumental en grupos reducidos.

Todo lo que planteamos no es fácil, ni será rápido. Se tendrá éxito si se es capaz de movilizar y sensibilizar a todos los agentes y entidades implicadas. Como siempre, la manera más segura de avanzar en el terreno educativo. No solo son necesarios recursos, más importante aún es la coordinación, la colaboración y una planificación sensata. Empujando todos en la misma dirección se generará la fuerza necesaria para formar al mejor profesorado, desde siempre el auténtico protagonista de la mejora en cualquier enseñanza.

¡Estamos hablando de un colectivo de casi cinco mil profesores solo en la Comunitat Valenciana, casi nada! Vale la pena ponernos manos a la obra.

 

Manuel Tomás Ludeña

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *